Las noches son ya algo más cálidas. Para celebrarlo, la persona anónima se asoma a la ventana, mirando las estrellas.
Tirada en el suelo de la estancia está una Barbie descabezada. Es un baño. La Niña -que ya no es tan niña- vomita ruidosamente sobre el váter. Su madre golpea frenéticamente la puerta, La Niña -ya no tan niña- se mira al espejo y es incapaz de recordar por qué ella es más bonita que su Barbie de medidas perfectas.
Ha sido duro. Superman golpea duramente el saco de boxeo tratando de desahogarse, de sacar toda su rabia. "Unos minutos antes y... tal vez...". Nada podía haber frenado a aquel hombre que acuchilló a su mujer y a su hijo. A pesar de haber llegado tarde, Superman sabe que gracias a él, ese "hombre" ya no podrá hacerle daño a nadie.
Evitando la tentación, la Enamorada se refugia en su ajetreada vida. Aún recuerda la última vez que subió a la Máquina del Tiempo: llegó al bar de su vida anterior -de su vida con el Enamorado- buscando con ansia, con necesidad, los ojos marrones del Enamorado... y sólo encontró una mesa vacía.
El Visionario camina velozmente por la abarrotada acera. Choca con gente a la que no pide perdón. De camino a su enorme y ostentosa casa habla por el movil. "¡Imbécil! Te he dicho que no quería acciones de esa empresa... ¡Me importa una mierda!... ¡Deshazte de ellas!". Al entrar en su casa, pasa delante de su mujer e hijo sin morarlos, directo a su despacho. El Visionario sabe lo que es mejor para sus negocios.
Las estrellas resultan hipnóticas en noches despejadas como ésta. La persona anónima cierra la ventana pero tarda un rato en alejarse de ella.
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jueves, 29 de abril de 2010
Circunstancias 8.0 por Oly
Perdida en su nuevo futuro, la persona anónima fuma asomada a la ventana.
Vivían uno al lado del otro en un barrio obrero.
Así fue como Ella y Porros se conocieron.
Crecieron juntos, y la mayoría de sus “primeras veces” fueron juntos también.
Un día, muchos años después, se miraron sin reconocerse.
Calada tras calada, así pasa la vida de Porros. Son las dos de la madrugada, y por primera vez en días, no llueve. Sentado en el banco del parque que da a la ventana iluminada de Ella, rememora…
“Tienes los ojos más verdes que he visto nunca… Cuando seamos grandes, me casaré contigo, y te construiré un palacio”. Sonríe a la negrura mostrando los pocos dientes que le quedan -a causa de Eva-. Ésa fue la primera frase que le dijo a Ella, cuando a penas tenían seis años. La vida de Porros empezó –y acabó- con Ella.
Se esfuerza, pero no recuerda cómo llegó a esta situación… Crecieron juntos, y, a la vez que pasaba el Tiempo, su amor aumentaba. En un segundo de su adolescencia, pasaron de compartir litros y caladas en el parque a… esto.
<< ¡Ella debería ser la madre de mi hijo!>>.
En un segundo de su adolescencia, Porros rompió su promesa.
Agotada, Ella lucha por mantenerse despierta. Sabe que Porros está ahí abajo, en el parque, sentado en el banco que da a su ventana. Ella no baja la persiana… Ésa es la monótona conversación que tienen todas las noches: Ella escribe en su cuarto y Porros observa su ventana iluminada desde el banco del parque.
“Y yo lucharé siempre por ti. Nunca me rendiré… pase lo que pase”. Las lágrimas amargas emborronan lo que Ella escribía al recordar la primera frase que le dijo a Porros, cuando a penas tenían seis años.
¿Cuándo se separaron sus caminos? Ella lo sabe muy bien: Porros le ofreció algo nuevo, pero la belleza y las promesas de Eva no la engañaron. Fue sólo un segundo en su juventud. Ella espetó << ¡No!>> y se alejó. Justo ése fue el final de su vida juntos.
En un segundo de su juventud, Ella rompió su promesa.
Ella se hizo una mujer, persiguió sus sueños.
Porros destrozó su vida por un minuto de alivio con Eva.
Ella tiene una vida por delante.
Porros sólo tiene un pasado que olvidar.
La persona anónima enciende otro cigarrillo y permanece asomada a la ventana. Pero esta vez no observa lo que sea que siempre mira. Sólo cierra los ojos y siente la música de Chopin en el alma.
Vivían uno al lado del otro en un barrio obrero.
Así fue como Ella y Porros se conocieron.
Crecieron juntos, y la mayoría de sus “primeras veces” fueron juntos también.
Un día, muchos años después, se miraron sin reconocerse.
Calada tras calada, así pasa la vida de Porros. Son las dos de la madrugada, y por primera vez en días, no llueve. Sentado en el banco del parque que da a la ventana iluminada de Ella, rememora…
“Tienes los ojos más verdes que he visto nunca… Cuando seamos grandes, me casaré contigo, y te construiré un palacio”. Sonríe a la negrura mostrando los pocos dientes que le quedan -a causa de Eva-. Ésa fue la primera frase que le dijo a Ella, cuando a penas tenían seis años. La vida de Porros empezó –y acabó- con Ella.
Se esfuerza, pero no recuerda cómo llegó a esta situación… Crecieron juntos, y, a la vez que pasaba el Tiempo, su amor aumentaba. En un segundo de su adolescencia, pasaron de compartir litros y caladas en el parque a… esto.
<< ¡Ella debería ser la madre de mi hijo!>>.
En un segundo de su adolescencia, Porros rompió su promesa.
Agotada, Ella lucha por mantenerse despierta. Sabe que Porros está ahí abajo, en el parque, sentado en el banco que da a su ventana. Ella no baja la persiana… Ésa es la monótona conversación que tienen todas las noches: Ella escribe en su cuarto y Porros observa su ventana iluminada desde el banco del parque.
“Y yo lucharé siempre por ti. Nunca me rendiré… pase lo que pase”. Las lágrimas amargas emborronan lo que Ella escribía al recordar la primera frase que le dijo a Porros, cuando a penas tenían seis años.
¿Cuándo se separaron sus caminos? Ella lo sabe muy bien: Porros le ofreció algo nuevo, pero la belleza y las promesas de Eva no la engañaron. Fue sólo un segundo en su juventud. Ella espetó << ¡No!>> y se alejó. Justo ése fue el final de su vida juntos.
En un segundo de su juventud, Ella rompió su promesa.
Ella se hizo una mujer, persiguió sus sueños.
Porros destrozó su vida por un minuto de alivio con Eva.
Ella tiene una vida por delante.
Porros sólo tiene un pasado que olvidar.
La persona anónima enciende otro cigarrillo y permanece asomada a la ventana. Pero esta vez no observa lo que sea que siempre mira. Sólo cierra los ojos y siente la música de Chopin en el alma.
Circunstancias 7.0 por Oly
Incapaz de conciliar el sueño, la persona anónima vuelve a asomarse a la ventana por segunda vez esa noche. ¿Por qué dejó de hacerlo durante tanto tiempo?
Superman sonríe ante el espejo. Se mesa el cabello y se dispone a salir. No le pide más a la vida de lo que ya tiene. Ya en el coche patrulla, le llaman por la radio, y se dirige a salvar una nueva vida.
El Futbolista sale al recreo tras una mañana agotadora. Sus sueños se disiparon con el pasar de los años. Ya no juega al fútbol. En vez de eso, se sienta en silencio junto a su amigo el Moro y le da la mitad de su desayuno.
Los de la Capital disfrutan de la paz de ese lugar donde viven. ¡Quién se lo iba a decir! Ambos contemplan las Estrellas agarrados de la mano.
A pesar de los cambios hechos en su vida, Valiente se ahoga. Tirada en la cama, se recuerda que debe respirar.
Desde la furgoneta en que viaja Libertad, sentada al lado de la ventana, se ve una frondosa vegetación pasar a toda prisa. Sonríe y tacha un nuevo lugar en su mapa: Escocia. Escucha los ronquidos de la persona que tiene sentada al lado, y mientras piensa lo mucho que ama su vida nómada, se duerme.
En una moderna discoteca, el Coyote pide otro ron-cola a la exuberante camarera. Es un día para celebrar: Sábado. Tiene alcohol, MDMA y tabaco. Está dispuesto y preparado para la cacería.
“No hay dinero en todo el mundo que pague estos momentos”, piensa la persona anónima. Cuando por fin se duerme, una paz en forma de sonrisa descansa en su rostro.
Superman sonríe ante el espejo. Se mesa el cabello y se dispone a salir. No le pide más a la vida de lo que ya tiene. Ya en el coche patrulla, le llaman por la radio, y se dirige a salvar una nueva vida.
El Futbolista sale al recreo tras una mañana agotadora. Sus sueños se disiparon con el pasar de los años. Ya no juega al fútbol. En vez de eso, se sienta en silencio junto a su amigo el Moro y le da la mitad de su desayuno.
Los de la Capital disfrutan de la paz de ese lugar donde viven. ¡Quién se lo iba a decir! Ambos contemplan las Estrellas agarrados de la mano.
A pesar de los cambios hechos en su vida, Valiente se ahoga. Tirada en la cama, se recuerda que debe respirar.
Desde la furgoneta en que viaja Libertad, sentada al lado de la ventana, se ve una frondosa vegetación pasar a toda prisa. Sonríe y tacha un nuevo lugar en su mapa: Escocia. Escucha los ronquidos de la persona que tiene sentada al lado, y mientras piensa lo mucho que ama su vida nómada, se duerme.
En una moderna discoteca, el Coyote pide otro ron-cola a la exuberante camarera. Es un día para celebrar: Sábado. Tiene alcohol, MDMA y tabaco. Está dispuesto y preparado para la cacería.
“No hay dinero en todo el mundo que pague estos momentos”, piensa la persona anónima. Cuando por fin se duerme, una paz en forma de sonrisa descansa en su rostro.
Circunstancias 6.0 por Oly
Parece que han pasado años desde la última vez que observó por la ventana. La persona anónima se sabe de memoria la vista: es la misma que la de su infancia. Aunque ésta vez refleja también su futuro. La persona anónima respira hondo el frío aire que entra por la ventana abierta.
Han pasado años desde que el Impaciente sintió por primera vez “eso” al acostarse. La Soledad ha hecho presencia todas esas noches. Incluso ahora, cuando una melena rubia, adolescente como él, lo acompaña en la cama del motel.
Libertad mira la Luna de París. Lleva meses recorriendo carreteras junto a sus amigos: “los melenudos”, como los llamaba su padre –una leve sonrisa rompe la monotonía de su cara debido al recuerdo-. Sólo puede mirar hacia delante, ya que, igual que las olas en la orilla de la playa, la vida ha ido borrando sus pisadas.
<< ¡Qué injusta es la vida! Aquí estoy yo, en este frío hospital, viendo a mi mujer morirse de Cáncer. Mientras otros tienen a su gran amor al lado y no lo saben apreciar. “Tranquila mi amor, mi vida, mi destino… Este suplicio acabará pronto. Y prometo seguirte en cuanto te vayas”>>.
Ella se asoma a la ventana disimuladamente. Sólo llega a distinguir una nube de humo bajo la incesante lluvia. Porros aún sigue en el banco del parque que hay bajo la ventana de su cuarto.
Los ojos de la persona anónima le escuecen como si llorara ácido. Con las manos azuladas por el frío se acuesta en la cama tras cerrar la ventana. ¡Cómo echaba de menos estos momentos!
Han pasado años desde que el Impaciente sintió por primera vez “eso” al acostarse. La Soledad ha hecho presencia todas esas noches. Incluso ahora, cuando una melena rubia, adolescente como él, lo acompaña en la cama del motel.
Libertad mira la Luna de París. Lleva meses recorriendo carreteras junto a sus amigos: “los melenudos”, como los llamaba su padre –una leve sonrisa rompe la monotonía de su cara debido al recuerdo-. Sólo puede mirar hacia delante, ya que, igual que las olas en la orilla de la playa, la vida ha ido borrando sus pisadas.
<< ¡Qué injusta es la vida! Aquí estoy yo, en este frío hospital, viendo a mi mujer morirse de Cáncer. Mientras otros tienen a su gran amor al lado y no lo saben apreciar. “Tranquila mi amor, mi vida, mi destino… Este suplicio acabará pronto. Y prometo seguirte en cuanto te vayas”>>.
Ella se asoma a la ventana disimuladamente. Sólo llega a distinguir una nube de humo bajo la incesante lluvia. Porros aún sigue en el banco del parque que hay bajo la ventana de su cuarto.
Los ojos de la persona anónima le escuecen como si llorara ácido. Con las manos azuladas por el frío se acuesta en la cama tras cerrar la ventana. ¡Cómo echaba de menos estos momentos!
Circunstancias 5.0 por Oly
De nuevo la persona anónima se asoma a la ventana. Aunque, esta vez es a una diferente: a la de su infancia y juventud.
La Anciana sigue meciéndose en la silla que tiene justo al lado de la ventana. Desde hace mucho los años no pasan por ella. Siempre es el mismo día. Por momentos se acuerda de algo –Quién es, instantes fugaces de su vida, del niño que juega en la alfombra…- y una lágrima recorre su mejilla. Después, olvida de nuevo.
Porros fuma en el banco del parque bajo la leve lluvia nocturna. Piensa en todo lo que perdió por Eva. No solo algunos de sus dientes, sino también a Ella. Desde ese banco se ve su ventana iluminada. “Seguro que está escribiendo” piensa Porros. Da una calada más y la añora. Al fin y al cabo, Ella fue lo único real.
Al otro lado de la ciudad, los de la capital se asientan en su nuevo hogar, kilómetros más lejos de donde nacieron. Ven todo lo que han conseguido y una sonrisa se dibuja en sus rostros. Este pequeño lugar no es el paraíso pero, para los de la capital, se le asemeja.
"No puedo seguir…" se oye en un susurro lejano la voz de Valiente. "Cuando apenas me he levantado, vuelvo a caer. Dios mío, dame fuerzas para seguir".
Ella escribe a altas horas de la noche. Sabe que Porros está en el banco del parque que da a su ventana. Tal vez por eso no ha bajado la persiana. Se reprocha no haber conseguido alejarle de Eva. “¿Habrá pensado en mí?”. Ahora él tiene una familia. Y Ella… toda una vida por delante.
Abrumada por los recuerdos de su pasado, la persona anónima se aleja de la ventana. La cierra parsimónicamente tratando de alargar ese momento. Sabe que pasará mucho tiempo hasta que se asome otra vez a esa vista que nunca mira realmente.
La Anciana sigue meciéndose en la silla que tiene justo al lado de la ventana. Desde hace mucho los años no pasan por ella. Siempre es el mismo día. Por momentos se acuerda de algo –Quién es, instantes fugaces de su vida, del niño que juega en la alfombra…- y una lágrima recorre su mejilla. Después, olvida de nuevo.
Porros fuma en el banco del parque bajo la leve lluvia nocturna. Piensa en todo lo que perdió por Eva. No solo algunos de sus dientes, sino también a Ella. Desde ese banco se ve su ventana iluminada. “Seguro que está escribiendo” piensa Porros. Da una calada más y la añora. Al fin y al cabo, Ella fue lo único real.
Al otro lado de la ciudad, los de la capital se asientan en su nuevo hogar, kilómetros más lejos de donde nacieron. Ven todo lo que han conseguido y una sonrisa se dibuja en sus rostros. Este pequeño lugar no es el paraíso pero, para los de la capital, se le asemeja.
"No puedo seguir…" se oye en un susurro lejano la voz de Valiente. "Cuando apenas me he levantado, vuelvo a caer. Dios mío, dame fuerzas para seguir".
Ella escribe a altas horas de la noche. Sabe que Porros está en el banco del parque que da a su ventana. Tal vez por eso no ha bajado la persiana. Se reprocha no haber conseguido alejarle de Eva. “¿Habrá pensado en mí?”. Ahora él tiene una familia. Y Ella… toda una vida por delante.
Abrumada por los recuerdos de su pasado, la persona anónima se aleja de la ventana. La cierra parsimónicamente tratando de alargar ese momento. Sabe que pasará mucho tiempo hasta que se asome otra vez a esa vista que nunca mira realmente.
Circunstancia 4.0 por Oly
La curiosidad de la persona anónima aumenta. Siente que su vida no tiene sentido. Por eso se asoma a la ventana y observa la nada...
Se conocieron y se enamoraron. Estaban -y, en realidad, aún están- locos el uno por el otro.
La Enamorada es una chica alocada, nunca está dos veces en un mismo punto. Siente curiosidad por todo y le encanta aprender cosas nuevas cada día. Sueña con una vida llena de aventuras.
El Enamorado es un chico tranquilo, callado, reservado. No confía en nadie, ni siquiera en sí mismo. Solo ansía una vida tranquila junto a los suyos. Una vida normal.
Nadie sabe que les unió, ni cómo llegaron a mantener una relación. Ni ellos mismos lo saben.
Lo único que saben los Enamorados es que se aman.
Hace tiempo pasó lo inevitable: la Enamorada alzó el vuelo. Se fue. Y el Enamorado se quedó.
A ambos les duele esta situación. Pero su amor es de esos imposibles.
Aún así, de vez en cuando, la Enamorada se sube a la máquina del tiempo y regresa. Allí, en esa cafetería de su vida anterior, de su vida junto a Él, el Enamorado espera el encuentro. Entonces se aman, se miran como antes. El tiempo no ha pasado...
Después, la Enamorada regresa a su vida en la máquina del tiempo, echando un último vistazo a esos ojos marrones en los que podría mirarse eternamente.
Estos encuentros fugaces sirven para que la Enamorada recobre fuerzas y siga con su vida.
Pero, por momentos, duda que estos viajes al pasado sirvan de algo, salvo para alimentar una esperanza de algo que nunca va a llegar: una vida junto al Enamorado. Él tiene la vida que siempre quiso: una novia formal, un trabajo estable, los amigos de siempre... Una vida normal. Y Ella sabe que jamás podrá amoldarse a eso.
Solo le quedan esos pequeños instantes en los que viaja al pasado mientras trata de inventar una forma de estar junto al Enamorado... Aunque, en el fondo, sabe que ésta no llegará nunca.
Un suspiro llega a la ventana de la persona anónima. Sabe que es la Enamorada tratando de dar con la solución mientras el Enamorado sigue con su vida normal. La persona anónima piensa en lo mucho que le gustaría ayudarla. A sabiendas que es imposible, cierra la ventana una vez más.
Se conocieron y se enamoraron. Estaban -y, en realidad, aún están- locos el uno por el otro.
La Enamorada es una chica alocada, nunca está dos veces en un mismo punto. Siente curiosidad por todo y le encanta aprender cosas nuevas cada día. Sueña con una vida llena de aventuras.
El Enamorado es un chico tranquilo, callado, reservado. No confía en nadie, ni siquiera en sí mismo. Solo ansía una vida tranquila junto a los suyos. Una vida normal.
Nadie sabe que les unió, ni cómo llegaron a mantener una relación. Ni ellos mismos lo saben.
Lo único que saben los Enamorados es que se aman.
Hace tiempo pasó lo inevitable: la Enamorada alzó el vuelo. Se fue. Y el Enamorado se quedó.
A ambos les duele esta situación. Pero su amor es de esos imposibles.
Aún así, de vez en cuando, la Enamorada se sube a la máquina del tiempo y regresa. Allí, en esa cafetería de su vida anterior, de su vida junto a Él, el Enamorado espera el encuentro. Entonces se aman, se miran como antes. El tiempo no ha pasado...
Después, la Enamorada regresa a su vida en la máquina del tiempo, echando un último vistazo a esos ojos marrones en los que podría mirarse eternamente.
Estos encuentros fugaces sirven para que la Enamorada recobre fuerzas y siga con su vida.
Pero, por momentos, duda que estos viajes al pasado sirvan de algo, salvo para alimentar una esperanza de algo que nunca va a llegar: una vida junto al Enamorado. Él tiene la vida que siempre quiso: una novia formal, un trabajo estable, los amigos de siempre... Una vida normal. Y Ella sabe que jamás podrá amoldarse a eso.
Solo le quedan esos pequeños instantes en los que viaja al pasado mientras trata de inventar una forma de estar junto al Enamorado... Aunque, en el fondo, sabe que ésta no llegará nunca.
Un suspiro llega a la ventana de la persona anónima. Sabe que es la Enamorada tratando de dar con la solución mientras el Enamorado sigue con su vida normal. La persona anónima piensa en lo mucho que le gustaría ayudarla. A sabiendas que es imposible, cierra la ventana una vez más.
Circunstancias 3.0 por Oly
La persona anónima se asoma a la ventana una vez más, esperando conocer lo que nadie dice.
Esta vez, ve algo que le impide llevar la vista hacia otro lugar. Así que se sumerge y deja que fluya…
Valiente vuelve a llorar sobre un folio en blanco. Sigue sin encontrar las fuerzas necesarias para seguir. Se repite una y otra vez que saldrá adelante, que esto pasará, que es solo una mala racha… ¿Pero una vida entera de mala racha?
Su madre, sus amigos, sus conocidos… todos tratan de decirle lo que debe hacer. Pero ella ya lo sabe. Sabe lo que debe… pero no si quiere.
Esto es nuevo para Valiente. Esta vez no depende solo de ella… ¿o sí? Si así fuera no sabe qué hace aún en ese mismo lugar de hace meses. Se desquicia, se pierde, llora, se vuelve a perder un poco más, se exilia… Empieza a pensar si de verdad merece la pena.
Valiente mira todos esos libros, esas hojas llenas de letras que no llega a comprender.
Y vuelve a mirar ese folio en blanco… Son tantas las palabras con las que lo llenaría. Eso es lo que ella quiere. Escribir, sin más. Nada más le hace falta.
Pero, desgraciadamente, de eso no se vive.
Sabe que pronto tendrá que volver a la realidad. Hacer lo que debe y no lo que quiere, dejar de luchar. Convertirse en una más del rebaño.
Algo en el interior de Valiente le dice que no, que aún es pronto, que no pierda la esperanza. Que es la gente como ella la que hace historia, a la que se recuerda siempre.
Se recuerda siempre sola.
“Valiente puede con todo”, es la frase más oída en su vida. Pero, ¿y si no? <>, piensa Valiente.
Aunque sabe que no es cierto. Ella es incapaz de tener a alguien junto a ella, al menos no por mucho tiempo. Todo el mundo que conoce se conforma con una vida tranquila, junto a los suyos. Pero Valiente no. Lo que quiere, en realidad, es una vida sin seguridad, sin lugar fijo, guiándose por sus sueños y su deseo, sin reglas. Pero ahora se ve incapaz de volver a volar.
Tal vez, Valiente no sea como su nombre indica…
Tal vez, su pasado le gane la partida…
Tal vez, al final sí que pase algo…
Las lágrimas recorren la cara de la persona anónima. Estos pequeños incisos en su ajetreada vida le llegan al corazón, le empapan lo más profundo de su ser calándole de por vida. Se jura que la próxima vez que se asome a la ventana, dejará más tiempo para cada historia que observe. Se aleja, pero esta vez no cierra la ventana. Prefiere dejar entrar toda la vida que hay allí fuera.
Circunstancias 2.0 por Oly
La persona anónima vuelve a mirar por la ventana de su cuarto después de tantos meses.
La localización ya no es la misma, pero ella mira fijamente igual, hacia ninguna parte...
Valiente llora delante de un folio en blanco. Su vida ha cambiado tanto que solo consigue pensar una cosa: "¡Quiero que mi vida vuelva!".
Caminando solo hacia el colegio, el Futbolista piensa en lo que le depara el día de escuela. Matemáticas, lengua, historia... se alternan con las cosas que aprende de sus compañeros de recreo, entre gol y gol. No comprende por qué al resto del mundo le resulta tan difícil vivir en armonía cuando unos niños de ocho años y diferentes culturas comparten risas, bocadillos y equipo de fútbol en el recreo.
Una vez más, la Enamorada y el Enamorado se reúnen en el bar de su vida anterior. La máquina del tiempo sigue uniéndolos a pesar de los cambios.
"Tengo que hacer la compra, llevar al niño al dentista y asegurar la llegada a fin de mes sin que el Imbécil me pase la pensión. Rara vez se acuerda. -Trabaja- me dice. No se da cuenta que es por su culpa que no sé hacer nada, que la vida perdió el sentido hace años."
Pero la vida de Valiente no vuelve, ni lo hará nunca. Se ha obsesionado tanto con sus pérdidas que no es capaz de ver todo lo que le queda aún por ganar. Pero lo hará. Así es Valiente.
Una vez más, la persona anónima cierra la ventana. Se promete sacr tiempo de su ajetreada vida para volver a mirar lo que sea que siempre mira.
Circunstancias 1.0 por Oly
Una persona anónima en una ciudad extraña mira por la ventana.
No ve excepto cosas anodinas, y sin fijar la vista en ningún punto concreto sigue ahí, observando el infinito.
Una niña juega con sus muñecas en el jardín de su casa. Todo su mundo gira alrededor de una Barbie rubia y de medidas perfectas. Cierra los ojos y se imagina siendo así de hermosa... Pronto se da cuenta de que su muñeca no es real, es de plástico. Entonces comprende que ella es más hermosa que su Barbie.
"Pásamela". Es lo último que oye él antes de ser cegado por una inmensa luz. Se enamoró de ella cuando solo contaba con 17 años. Dió su mundo: amigos, familia, novia, estudios... por ella. No ha recibido ni las gracias por tanta dedicación. Solo el beso frío que, en ese oscuro callejón, lo ha conducido -por fin- a una tranquilidad infinita. Dime, tantos años amándola, ¿han merecido la pena?
Se encuentran en el bar de su vida anterior. "No has cambiado nada" dice el Enamorado. Realmente ninguno de los dos han cambiado. Las mismas miradas, el mismo amor, la misma pasión... "He viajado en el tiempo solo para robarle un día más a tu lado" susurra la Enamorada. Los mismos sentimientos una vez más. Nadie sabe qué les une. Son tan diferentes que no consiguen hallar la forma de estar juntos. Pero no importa, se aman. Al final del día, la Enamorada vuelve a la Máquina del Tiempo, pero antes da un último vistazo a su Enamorado -sentado en una mesa del bar de su vida anterior- y se jura a sí misma que algún día encontrará la forma de estar a su lado.
El Impaciente se ríe con sus amigos en una terraza. Lorenzo calienta las cervezas casi al momento de llegar a la mesa, pero todos beben igual. Al fin y al cabo, solo son adolescentes. Cuando vuelva a casa, el Impaciente sentirá algo en su interior. No sabrá qué es, no reconocerá a la Soledad en su interior. Negará lo que siente y se dormirá profundamente. Cuando se levante todo quedará olvidado... hasta la siguiente noche.
"Me levanto de la cama de mi amante sigilosamente. Mi marido debe estar llegando a casa y debo volver. No quiero que piense que no soy feliz con él. Ni que nadie lo piense tampoco. La verdad se quedará conmigo... y con el hombre y la vida -o, ¿debería decir el tiempo hurtado a la vida?- que se esconden bajo esas mantas. Lo importante es aparentar, que los demás se crean lo que actúo, y tal vez -solo tal vez- algún día pueda dejar de fingir".
La persona anónima deja de mirar por la ventana. Mejor dicho, deja de fingir mirar por la ventana. La realidad la arrastra hacia su vida... una vez más. El consuelo es que eso que fingía mirar seguirá ahí cuando vuelva.
No ve excepto cosas anodinas, y sin fijar la vista en ningún punto concreto sigue ahí, observando el infinito.
Una niña juega con sus muñecas en el jardín de su casa. Todo su mundo gira alrededor de una Barbie rubia y de medidas perfectas. Cierra los ojos y se imagina siendo así de hermosa... Pronto se da cuenta de que su muñeca no es real, es de plástico. Entonces comprende que ella es más hermosa que su Barbie.
"Pásamela". Es lo último que oye él antes de ser cegado por una inmensa luz. Se enamoró de ella cuando solo contaba con 17 años. Dió su mundo: amigos, familia, novia, estudios... por ella. No ha recibido ni las gracias por tanta dedicación. Solo el beso frío que, en ese oscuro callejón, lo ha conducido -por fin- a una tranquilidad infinita. Dime, tantos años amándola, ¿han merecido la pena?
Se encuentran en el bar de su vida anterior. "No has cambiado nada" dice el Enamorado. Realmente ninguno de los dos han cambiado. Las mismas miradas, el mismo amor, la misma pasión... "He viajado en el tiempo solo para robarle un día más a tu lado" susurra la Enamorada. Los mismos sentimientos una vez más. Nadie sabe qué les une. Son tan diferentes que no consiguen hallar la forma de estar juntos. Pero no importa, se aman. Al final del día, la Enamorada vuelve a la Máquina del Tiempo, pero antes da un último vistazo a su Enamorado -sentado en una mesa del bar de su vida anterior- y se jura a sí misma que algún día encontrará la forma de estar a su lado.
El Impaciente se ríe con sus amigos en una terraza. Lorenzo calienta las cervezas casi al momento de llegar a la mesa, pero todos beben igual. Al fin y al cabo, solo son adolescentes. Cuando vuelva a casa, el Impaciente sentirá algo en su interior. No sabrá qué es, no reconocerá a la Soledad en su interior. Negará lo que siente y se dormirá profundamente. Cuando se levante todo quedará olvidado... hasta la siguiente noche.
"Me levanto de la cama de mi amante sigilosamente. Mi marido debe estar llegando a casa y debo volver. No quiero que piense que no soy feliz con él. Ni que nadie lo piense tampoco. La verdad se quedará conmigo... y con el hombre y la vida -o, ¿debería decir el tiempo hurtado a la vida?- que se esconden bajo esas mantas. Lo importante es aparentar, que los demás se crean lo que actúo, y tal vez -solo tal vez- algún día pueda dejar de fingir".
La persona anónima deja de mirar por la ventana. Mejor dicho, deja de fingir mirar por la ventana. La realidad la arrastra hacia su vida... una vez más. El consuelo es que eso que fingía mirar seguirá ahí cuando vuelva.
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